Pedro R. Cossio
Con el enorme avance de los conocimientos médicos, y del manejo técnico para contribuir a la sobrevida del ser humano, se están produciendo una serie de hechos que de una u otra forma, tanto los médicos como los abogados, como también los intelectuales, deben de empezar a pensar para determinar normas éticas, con el fin de establecer conductas ante cada nueva situación.
No pretendo cuestionar lo hecho hasta ahora, ni tampoco crear inquietudes innecesarias que puedan entorpecer el avance de las distintas terapéuticas de ablación y transplante. Pero sí empezar a meditar seriamente ante distintas preguntas que me hago y que compartiré con los lectores.
No cabe la menor duda que el transplante de órganos vivos es una gran adquisición médica del siglo XX, como así también las pautas fijadas para considerar que un cuerpo ha fallecido.
Pensando en la muerte de los donantes, sabemos que la misma es una sucesión de hechos que ocurren a través del tiempo, desde que se inicia hasta que se termina de concretar (primum morens y ultimum morens). Es por ello, y ante la realidad que frente a muerte cerebral inexorablemente el sujeto es irrescatable, se ha decidido con criterio apropiado considerar al mismo ya muerto a partir de ese momento, y pasible de ser donante de órganos, situación que se admite en la sociedad, según mi sentir con buen criterio.
Pero me ha surgido una incógnita no resuelta ni abarcada por nadie según mi conocimiento, sobre la cual los diversos comités de ética y los médicos y abogados, creo que deben meditarla y luego establecerla a la brevedad, con el objeto de evitar en el futuro situaciones dificiles de resolver.
Con las técnicas actuales de apoyo respiratorio, circulatorio y alimentario, se puede mantener a un sujeto con muerte cerebral funcinando en algunos aspectos por mucho tiempo. Uno de esos aspectos son sus órganos reproductores, por lo tanto en el varón los espermatozoides como en la mujer la ovulación pueden seguir produciendose. A raíz de ello, siendo una de las características del ser vivo el poder reproducirse, y desde el punto de vista religioso generar un nuevo ser con alma, es que se crean numerosos interrogantes, agregandose en la mujer que se podría llegar a fecundar y quizás gestar en ese estado.