“Cuéntame, musa, la historia del hombre de muchos senderos,
Odisea, Canto 1
Mi amigo Sergio Gonorazky me acerca un artículo de los Archivos Argentinos de Pediatría (1) que me parece interesante compartir. En él se describe y se analiza el Síndrome de Ulises descrito por Rang en 1972. (2)
“Jimmy se cayó y golpeó su cabeza. Su madre pensó que no habría mayores consecuencias pero la abuela del niño le dijo que lo llevara a un médico. El profesional pensó que era improbable que tuviera una fractura pero, para estar más seguro, le solicitó una radiografía de cráneo y cuello. No se encontró ninguna fractura pero, en las placas de columna cervical se alcanzaba a visualizar, en la clavícula, un hueso anormal. Después de una serie de análisis de sangre que no dieron ninguna anormalidad, los padres de Jimmy lo llevaron a un cirujano ortopédico, que pensó que podrían estar ante una variante normal. Pero, debido a que no estaba totalmente seguro y a que la familia estaba muy preocupada por la posibilidad de una neoplasia, se efectuó una biopsia. El patólogo informó que se trataba de un defecto cortical fibroso benigno. El chico, sin embargo, se cayó en el piso resbaloso del hospital y se fracturó la clavícula en el área que estaba debilitada por la biopsia.”
Carmen tiene 84 años y una vida signada por la desaparición de su hija y la búsqueda de un nieto. Pese a esto es jovial y mantiene un envidiable sentido de humor. A pesar de una artrosis de rodilla camina bastante y hace bici fija en casa. Solamente toma una estatina para su hipercolesterolemia. Fue a su médica de cabecera por un examen de rutina, ya que quiere mantenerse bien para seguir con su vida activa. Tras un somero examen, que por lo visto no incluyó pulsos, pidió exámenes que incluían laboratorio, radiografía de tórax y abdomen, y ECG. Por una pequeña herida superficial pretibial recetó cilostazol en 100 mg diarios, diciéndole que tenía “trastorno circulatorio”. El cardiólogo tras un también breve examen y un ECG decidió que estaba todo bien, pero algo en la repolarización de cara lateral “no le convencía” por lo que indicó una ergometría.
Tras varias semanas de espera acude al sanatorio indicado por su cobertura, donde una enfermera la sube a una bicicleta ergométrica y la conecta sin más palabras. Llega un joven médico y mirando solamente a una pantalla le pide que comience a pedalear. Como Dora no puede hacerlo del todo bien, opta por enojarse y reclamarle imperiosamente el pedaleo. En un momento, de pésimo humor, decide que el estudio no se hará y sale de la sala, dejándola sola para bajarse del cicloergómetro, acción que culmina con Dora en el suelo, afortunadamente sin complicaciones. De vuelta con su médica, al ver calcio en aorta abdominal le sugiere la sospecha de aneurisma y decide reemplazar la frustrada ergometría con un estudio de perfusión cardíaca…

