El prestigio de la cardiología entre los estudiantes de medicina

Raúl A. Borracci 

La elección de una especialidad es una decisión que se impone a los recién graduados que optan por continuar con una carrera médica asistencial. Más allá del valor subjetivo de la vocación, entre los factores que parecen influenciar más esta elección se han señalado a la demanda del mercado laboral, al prestigio de la especialidad entre los colegas y los pacientes, al tiempo requerido para formarse, al estilo o la calidad de vida esperada y a la remuneración percibida a mediano plazo.  En dos encuestas recientes realizadas en la Universidad de Buenos Aires1-2, con más de 200 estudiantes de medicina de los dos últimos años, la cardiología fue elegida como especialidad por el 6,2% de los encuestados, ocupando el octavo lugar entre las especialidades más elegidas:

                                   Pediatría                     16,7%

                                   Clínica Médica            9,6%

                                   Gineco-Obstetricia    9,1%

                                   Cirugía                             7,7%

                                   Psiquiatría                      6,7%

                                   Traumatología              6,7%

                                   Cardiología                     6,2%

En otra parte de la encuesta se preguntó cuál era la percepción que tenían los estudiantes con respecto al prestigio, la demanda laboral, la remuneración, el estilo de vida y el tiempo de formación requerido en un listado comparativo de 20 especialidades2. El 47,2% de los encuestados eligió a la cardiología como la especialidad de mayor prestigio, sólo detrás de la cirugía; aunque también la ubicó en cuarto lugar entre las especialidades que requerirían más tiempo de formación o entrenamiento Figura 1.

En este mismo ranking, la cardiología no fue considerada entre las mejor remuneradas, aunque sí, con una demanda laboral aceptable (quinto puesto entre todas las especialidades). Con respecto al estilo de vida menos controlable, definido éste como la condición de tener más urgencias, llamadas nocturnas y guardias, o actividad no programada, la cardiología ocupó la sexta posición dentro del conjunto de las especialidades comparadas Figura 2.

Sin duda, ser considerada por los jóvenes como la segunda especialidad con más prestigio, indica la “buena campaña” que ha hecho la cardiología en el país, y podría justificar que más del 6% de los que se gradúan quieran ser cardiólogos. Pero a su vez, ser tenida como una profesión de las no mejor remuneradas, plantea la románica paradoja de optar por el estoicismo del prestigio en lugar del hedonismo del bon vivre.

La pregunta que queda por contestar es quién o qué tiene tan buen prestigio, ¿los cardiólogos o la cardiología? Tal vez los jóvenes que eligen hoy la cardiología se encuentren deslumbrados por los métodos diagnósticos; habida cuenta que los procedimientos de estudios funcionales y por imágenes ya no son métodos complementarios, sino que la intervención del profesional en el acto médico parece ser la complementaria. Gracias a las nuevas tecnologías vemos más de lo que entendemos, y acostumbrados a diferenciar entre la salud y la enfermedad, la revelación de situaciones intermedias o indefinidas genera una razonable dosis de confusión para quienes fuimos educados en la lógica aristotélica. Así planteado, el prestigio de los cardiólogos podría depender cada vez menos de su capacidad para captar e interpretar signos y síntomas, y por el contrario, la facilidad para acceder a los métodos de diagnóstico y tratamiento se convertiría en el nuevo estándar de calidad de atención. He aquí también, una de las razones más importantes que justifica por qué se ha depreciado el valor del acto médico a favor de la tecnociencia.

La capacidad de diagnóstico, y en algunos casos de tratamiento, alcanzado por los métodos actuales basados en imágenes y funciones, revela quizá el impresionante alcance y prestigio que tiene la cardiología moderna. A mi entender esto resume otra paradoja, la de una buena época para la cardiología y una mala para los cardiólogos.

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

  1. Borracci RA, Pittaluga RD, Manente D, Giorgi MA, Rubio M. Expectativas de los estudiantes de medicina de la Universidad de Buenos Aires sobre su práctica profesional. Medicina (Buenos Aires) 2009;69:607-11
  2. Borracci RA, Poveda Camargo RL, Pittaluga RD, Arribalzaga EB, Ferraina P. Preferencias de los estudiantes de medicina de la Universidad de Buenos Aires en la elección de la especialidad. Educación Médica (en prensa).

3 Respuestas a “El prestigio de la cardiología entre los estudiantes de medicina

  1. EL PRESTIGIO DEL CARDIOLOGO ENTRE LOS PROFESIONALES , DESDE MI OPTICA DE CARDIOLOGO DEL INTERIOR , RADICA EN EL HECHO QUE LOS DEMÁS MÉDICOS TIENDEN A DESCANSAR LA RESPONSABILIADAD PROFESIONAL Y LA TOMA DE DECISIONES EN LOS HOMBROS DEL CARDIOLOGO, A QUIEN SUELEN COMO CONSIDERAR EL MEJOR CAPACITADO , EN LOS CASOS PROBLEMA Y O URGENTES .

  2. Felicito al Dr Borraci por este interesante estudio, que me gustaria poder leer en su totalidad.
    Si bien se trata de un resumen para el blog (lo que limita las explicacinoes necesarias), me gustaria saber cual es el denominador. Se trata de estudiantes de la UBA de los 2 ultimos anios? Como se seleccionaron los 200 que contestaron la encuesta? Cual es el nivel economico-social de los encuestados?
    Me parecen datos interesantisimos para que los responsables de la educacion cardiologica de post-grado sepan de las expectativas de sus futuros residentes.

    Interesante comparar estos datos con estudiantes de otras partes del globo.

    Adrian Baranchuk MD FACC
    Queen’s University
    Canada

  3. “CARO, PERO EL MEJOR”
    Es posible que la Cardiología en sí misma sea quien tenga gran prestigio. Pero es posible también que lo “florido y a veces pomposo” de la clínica de “las enfermedades cardiovasculares” así como la mayor importancia dada al estilo de vida y al control de los factores de riesgo como factores de “mayor bienestar” y menor enfermedad sean también elementos que re-significan el campo de la cardiología e invitan a estar y trabajar en él, a pesar de lo complejo y exigente de la formación requerida y de lo subestimada como especialidad en términos económicos.
    Quizás es momento de trabajar para que la vocación pueda ser atendida por quien la percibe y para que su ejercicio profesional tenga un camino y un final más convenientes.

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