El diablo está en los detalles

Daniel Nul

—Juana, usted tiene una lesión obstructiva severa en su carótida.

  Es conveniente que programemos una intervención quirúrgica a la brevedad.

—Bien doctor, proceda. Pero debo advertirle que yo soy testigo de Jehová  y debo asegurarme que bajo ningún concepto se me transfunda sangre.

—Mire Juana, en este tipo de operación es muy poco probable que deba ser transfundida.

—¿Pero existe una probabilidad, no?

—Sí,  por cierto. Pero yo diría que dicha probabilidad es menor a 1 en 100.  Por lo que, considerando su deseo,  llevaremos  al máximo el uso de soluciones parenterales expansoras, lo cual reducirá al mínimo el riesgo de transfusión llevándolo probablemente a menos de 1 en 400 casos.

—Eso no es admisible para m­i, doctor.  ¿Usted  no conoce los sistemas de recolección y reinfusión de sangre?

— Sí, pero no tengo experiencia, y la verdad no me imagino como funcionaria algo así en una cirugía como la suya.

Sería más conveniente pensar en una autotransfusión, con su propia sangre previamente almacenada.

—Eso tampoco sería aceptable para mí.

—¿Pero Juana, usted pretende que si su vida dependiera de una transfusión yo no la transfunda?

—Si, doctor.

—¡Pero entonces, usted moriría!

—¡Si así lo quiere Dios!

—Bueno, en esos términos es inadmisible para mí. Yo también tengo una fe que privilegia ante todo la vida, y si no fuera así, tengo que anteponer mi juramento Hipocrático.

—Doctor, hay lugares donde me operarían bajo mis premisas.

—Juana, si es así debería atenderse directamente en ese contexto,   aunque no sé si su obra social lo  autorizaría.

Yo le propongo un trato. Estoy en condiciones de asegurarle el 99.9% de probabilidad de que no requiera una transfusión, por lo que le pido asuma en este trato un riesgo mínimo restante de tan solo 0.01%.

Estoy seguro que Dios nos iluminara a ambos, para que estemos conformes. ¿Está de acuerdo?

—No, doctor.

¡Usted aún no consideró lo que el diablo es capaz de hacer! 

PD: Juana finalmente acepto operarse

       Fue operada con éxito.

       No requirió transfusión sanguínea.

Lo llamativo de este caso, es que es la única vez en mi larga trayectoria  en  la que pude convencer a un paciente de esta fe.

Aunque hoy hay leyes que los amparan y los médicos podemos recurrir a amparos judiciales, el dilema ético persiste:

 ¿Lo trato de convencer o no pierdo el tiempo?

3 Respuestas a “El diablo está en los detalles

  1. Alberto Carlos Estrada

    Esto me tocó vivirlo hace 31 años con una hemorragia digestiva, Dani. Aprovecho para mandarte un gran abrazo.
    Dr. Alberto C. Estrada

  2. Roberto Battellini

    Soy cirujano cardiovascular.Hice tambien el curso de Bioética de dos anios conducido por el filósofo Dr Mainetti.Hice un trabajo sobre los Testigos, en que expongo que gracias a ellos , por sus exigencias, se hizo un enorme avance en la cirugia con bomba, comenzando en Texas con Denton Cooley y otros.La mortalidad está en límites aceptables.opere personalmente una docena de pacientes testigos, ni siquiera se les tomó muestra de grupo sanguíneo, siguiendo sus directivas.Usamos cell saver, bioglue,etc.Solo uno murió, y fue por infección.
    Creo que el que no respeta estas creencias no debe operarlos para no sentirse mal ante la decisión crucial.Creo firmemente que los Testigos nos han obligado a operar con más cautela y menos transfusiones a todo tipo de pacientes, coagulando cada eritrocito,suturando con tremenda precisión, por lo que les debemos mucho

  3. Un caso similar, Dani, nos surgió hace muy poco en el hospital público donde trabajo, con un paciente con sindrome coronario agudo, tres vasos y deterioro de la función ventricular.
    El paciente nos refirió que de ninguna manera aceptaría recibir transfusión alguna, a pesar del “ruego” de la familia.
    La decisión médica no fue sencilla y generó no pocas discusiones entre el staff del Servicio.
    Frente a la incertidumbre y angustia que generó en el equipo médico (cardiólogos, cirujanos, anestesiólogos, etc) y la decisión firme que mantenía el paciente con respecto a la negativa a ser transfundido, fue derivado a otro centro público con experiencia en este tipo de casos (equipo con profesionales Testigos de Jehova),
    ¿Es correcto anteponer creencias religiosas a un acto médico ya complejo, sometiendo al equipo profesional a una situación de mayor estrés, al no poder desplegar TODO el arsenal terapéutico para lograr el éxito esperado?
    Creo que sería interesante un debate mutidisciplinario que nos ayude a esclarecer el tema.

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