La historia de las ideas (I)

Raúl A. Borracci

A la mayoría de nosotros, la historia de la ciencia se nos ha ofrecido como un conjunto de arquetipos simples que resumen los ingeniosos descubrimientos y las geniales deducciones que unas pocas mentes elegidas pudieron alcanzar. Estos arquetipos refuerzan ciertas características sobrenaturales de los personajes y diluyen los ricos pormenores que acercarían las razones de sus hazañas a nuestras atónitas credulidades. Los divulgadores de la ciencia nos dicen por ejemplo, que el mérito de A. Fleming es haber entendido la potencial utilidad de un hallazgo fortuito, como fue la contaminación accidental de un cultivo bacteriano con penicillium notatum, relación que “cualquier otra mente difícilmente hubiese deducido”; sin embargo, nada nos dicen de que Fleming estaba justamente investigando la producción de nuevos bactericidas o antibióticos, por lo que lo extraordinario hubiese sido que no percibiera la relación entre el descubrimiento en la placa de Petri contaminada y su utilidad como antibiótico. En otro ejemplo, la revolucionaria idea de un sistema heliocéntrico propuesto por Copérnico, tampoco resultaría tan original si nos contaran además que el contacto con los círculos neopitagóricos que adoraban el sol, le permitió al mismo Copérnico conocer la teoría heliocéntrica de Aristarco, olvidada hacía 2000 años. Otro de los mitos trasmitidos por los divulgadores cuenta que la visión de un prensa para exprimir uvas generó en Gutenberg un chasquido cognitivo que le permitió adoptar este concepto en la invención de la imprenta; sin embargo, no dicen que Gutenberg ya estaba familiarizado con las prensas para fabricar vino, ya que Maguncia (actual Mainz) donde nació y vivió, está situada en el valle del Rin, una región vitivinícola desde la época de los romanos. Permítanme contar ahora a modo de ejemplo, la verdadera historia del descubrimiento de la penicilina.

 La verdadera historia de penicilina

Una de las historias más conocidas es la del descubrimiento de la penicilina por sir Alexander Fleming (Darley, Ayrshire 1881- Londres 1955), lo que le valió el Premio Nobel de Medicina en 1945. Fleming era médico investigador en el St Mary’s Hospital de Londres, y en 1928, tras unas vacaciones de tres semanas, halló accidentalmente en una placa de cultivo de estafilococos que había dejado olvidada sobre su mesa de trabajo, el crecimiento de colonias de hongos que inhibían la proliferación de las bacterias. En lugar de descartar dicho cultivo contaminado con una especie no deseada, Fleming vislumbró la posibilidad de aprovechar como un antibacteriano, la sustancia segregada por el hongo del género penicillium. La contaminación de dicha placa de cultivo, no se debió a un mero azar de la naturaleza, sino que probablemente ocurrió que las esporas del moho llegaron flotando de un laboratorio del piso inferior, en el que se investigaban las alergias producidas por extraños hongos. Así relatado, podría pensarse que el descubrimiento de Fleming pudo haberse dado por un chasquido cognitivo, a no ser porque en realidad, el médico británico estaba justamente estudiando el desarrollo de antibióticos desde la primera guerra mundial, y ya en 1921 había descubierto y usado la lisozima con la intención de tratar las infecciones. Si bien la aparición del hongo contaminante fue accidental, la mente del investigador por suerte, ya estaba preparada para interpretar el fenómeno. Pero ateniéndonos al rigor de la historia, en los meses siguientes, Fleming estudió las propiedades de la  penicilina in vitro, pero nunca llegó a inocularla en animales, ya que sus estudios preliminares demostraban que la efectividad de la penicilina se inhibía en contacto con la sangre.Es así que en 1929, tras publicar una vaga descripción de su descubrimiento, Fleming se dedicó a otras investigaciones. Más tarde, fueron el patólogo australiano Howard Florey (1898-1968) y el bioquímico alemán Ernst Chain (1906-1979) quienes redescubrieron diez años más tarde, el artículo de Fleming, y reanudaron las investigaciones con el penicillium notatum. Después de algunas peripecias, el proyecto de producción de la penicilina terminó en Estados Unidos, como proyecto prioritario para ser usado en la guerra, junto con el desarrollo de la bomba atómica. Florey y Chain también compartieron el Premio Nobel con Fleming.

Una respuesta a “La historia de las ideas (I)

  1. Serendipity! Me encanta el rescate un enfoque del paradigma complejo para re-significar la historia de las ciencias.

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