Humanismo fatal

Carlos Tajer

Los tres primeros meses de mi residencia fueron extenuantes. El Hospital Italiano era un lugar totalmente ajeno, donde no tenía amigos ni conocidos. Desde el primer día comenzaron las incontables guardias cargando el pesado equipo de electro, y mi rotación por  Clínica Médica. Me tocó la Sala 1, una vieja construcción con escasas divisiones, verdadera sala de internación, donde casi todos eran ancianos de PAMI. Como residente de tercero ejercía Federico, un brillante clínico de fuerte presencia física y anímica, orientado ya a la hepatología, y como compañero de primero Simón. Simón tenía la ventaja de haber hecho allíla Unidadhospitalaria, y oficiaba de local, por lo que decidimos, digamos decidió, que él asignaría las camas diariamente. Esto me permitió descubrir tempranamente el fenómeno del sesgo de selección: durante los primeros tres meses fallecieron 10 pacientes a mi cargo y sólo1 acargo de mi compañero, lo que en las primeras semanas me hizo sentir el ángel de la muerte, y ya al final descubrir que era sólo un novato pagando derecho de piso. Muchas vivencias de estos primeros meses han quedado grabadas a fuego en mi memoria emocional médica. Reencontrarme hoy, treinta y tantos años más tarde con Federico, quien dirigirá el programa de transplante hepático del Hospital El Cruce, mi Hospital, me trajo el recuerdo de Pascual, un paciente que atendimos en conjunto.

Pascual había ingresado con un cuadro muy complejo. En un principio presentó una parálisis del ciático poplíteo interno, y luego se fueron desarrollando una suma compleja de complicaciones: síndrome nefrítico-nefrótico, síndrome ascítico edematoso, mononeuritis múltiple, hemorragias, úlceras cutáneas, y globalmente un  mal estado general. Cada día aparecía un problema nuevo, en general inexplicable. Anoréxico y muy adelgazado, la masa muscular consumida de los miembros y el tórax contrastando con el abdomen prominente lo asemejaba a las fotos de desnutridos africanos. Durante varias semanas hicimos todo tipo de estudios sin acercarnos siquiera a un diagnóstico y mucho menos a una posibilidad terapéutica. Varias veces colocamos vías, canalizaciones, y cotidianamente análisis, punciones radiales para gases en sangre, punción de médula ósea, estudios por contraste y muchos etcéteras.

En ese ínterin se había generado un vínculo afectuoso con Pascual, que estaba muy deprimido y entregado a una muerte que intuía muy cercana. Federico me indicó el día anterior que volviera a tomar gases en sangre de rutina, y cuando me acerqué para hacerlo a la mañana, Pascual llorando me pidió que lo dejara así. No quería sufrir más, me dijo, no tenía sentido.

Me había tocado presentar el caso en ateneo, y lamentablemente no había surgido ninguna idea que aportara a mejorar la situación. Con mis 23 años no supe como responder, sentí mucho dolor y resignación, y su propuesta me pareció respetable. Frente a un inminente final, adelgazado y deformado, con problemas que se agravaban irremediablemente, qué sentido podía tener continuar con la mortificación diaria. Medité mucho mi decisión, no tomé la muestra de sangre y me animé a enfrentar la autoridad de Federico con un discurso elaborado, partiendo de mi solidaridad con el sufrimiento de Pascual.

La explicación resultó muy breve, Federico me cortó y la descartó de un plumazo. Frunciendo los labios, me dijo que estaba loco, que no se podía dejar de pelear el caso, que no tenía diagnóstico y que no molestara más con este tipo de planteos.

-Vamos a hacer otra cosa.

En esos días, el laboratorio había incorporado un nuevo formulario con un listado muy extenso de todos los análisis posibles.

-¡Marcá todo!

Creo que exceptuando el test de embarazo, coloqué un tilde a no menos de cincuenta opciones que aparecían en el listado, masticando un poco la bronca y también un poco aliviado. Esa decisión violentaba la voluntad del paciente y también solidariamente la mía, pero me relajaba asumir la orden como propia. Le pedí a Pascual que pusiera más fuerza y que tuviera confianza, y seguimos con el plan.

A las 48 horas apareció la sábana de resultados, con alteraciones de lo más diversas, pero una de ellas inesperada e inentendible: tenía altos niveles de crioglobulinas heterogéneas, una crioglobulinemia mixta.

Nos miramos bastante extrañados: ¿Qué son las crioglobulinas?

Nadie tenía la menor idea del asunto, ese análisis se practicaba aparentemente hacía poco tiempo en el Hospital, y leyendo un poco resultó que era una eventualidad en pacientes con mieloma, diagnóstico que ya se había descartado con una punción de médula. Aún así, existían casos raros en los que el mieloma aparecía años más tarde, y en algunos nunca.

Comenzamos el peregrinaje por los especialistas, y uno de los hematólogos planteó la posibilidad de plasmaféresis, que en algunos casos de disproteinemias podía funcionar adecuadamente. Ante la falta de otras conductas posibles, se comenzó un proceso que tuvo resultados muy rápidos. No sin nuevas complicaciones, entre ellas una hepatitis muy ictérica, fue mejorando progresivamente y en pocas semanas tuvo su alta.

A los pocos meses recibí la visita de Pascual, elegantemente vestido, quien me regaló mi segunda lapicera de residente. Con su musculatura recuperada, y sólo una secuela de la mononeuritis que lo obligaba a usar un calzado especial, había reiniciado sus tareas de jardinería.

Quería agradecerme, me dijo, y sentí una rara contradicción. Bajar la bandera de la solidaridad y el respeto por la decisión de un paciente vulnerado en su ánimo por una enfermedad dramática, una claudicación inicialmente dolorosa, se transformó en el camino para la curación más inesperada. Quizá las gracias eran sólo por haber estado allí, acompañándolo en las sinuosas curvas de la enfermedad sin apartarme.

Los años me han enseñado de a poco a evitar la confusión entre la melancolía que a veces acompaña el sufrimiento crónico y la decisión filosófica del final de la vida. No es lo mismo ser profundo, que haberse venido abajo, diría María Elena Walsh.

2 Respuestas a “Humanismo fatal

  1. roberto battellini

    Tajer es un poeta de la vida hospitalaria.Hay que recordar que en esas epocas sin TAC ni eco el misterio de la Medicina era mayor.Ahora, como me ha pasado esta semana, familiares de pacientes residiendo en USA nos envian mails para que solicitemos PETS y RNM.

  2. Admiro su capacidad de volcar en palabras experiencias vitales, su permanente autocritica (y su memoria).

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s