Todo está guardado en la memoria

             Marcelo Zylberman 

Todo está guardado en la memoria (León Gieco)

Suelo leer en el verano un poco más que durante el año.

Así choqué con “Eichmann en Argentina”, el libro de Alvaro Abós, cuya 2da edición se publicara en 2011.

Allí aparece un personaje al que se lo conoció como Pedro Olmo y que en realidad se tratara de Walter Kutschman.. Abós lo relaciona a las reuniones de “Pedro Olmo” con Eichmann y con un médico ginecólogo que bajo el nombre de Dr. Gregor atendía en Corrientes y Callao y cuyo verdadero nombre era Joseph Mengele.

Me tocó conocer a Pedro Olmo, como él se presentó con un  claro acento centro europeo, durante una guardia en mi residencia de Medicina Interna en el Hospital Argerich.

Ingresó custodiado por una cantidad de vigilancia solo comparable a la que traían en aquella época las empresas de seguridad los días de pago de los sueldos.

Se había exacerbado su disnea habitual y sus sibilancias eran audibles a distancia. Su tórax enfisematoso, sus ruidos cardíacos alejados y la ingurgitación yugular me ayudaron a hacer el diagnóstico.

Conocía su historia por los diarios y por los relatos familiares, pero no su historia clínica. Pude leer en su hoja de internación que era jubilado de una empresa eléctrica (OSRAM).

Tuve sentimientos encontrados en ese momento: la ansiedad habitual frente al paciente que ingresa por la noche, el deseo de discutirle su apellido, de confesarle y demostrarle mi odio y hasta la vanidad de mostrarle que ahora estaba en mis manos.

Pensé en la “muerte lenta” como el  Meidung de los Amish.

Pensé  que la vida médica me había puesto demasiado joven delante de un  responsable dela Gestapoen Polonia, desde donde debieron escapar mis antepasados.

Su disnea me pedía auxilio: nebulizaciones, esteroides, oxígeno y  antibióticos; finalmente pudo más mi convicción de médico, que aún con mi poca experiencia, no podía soportar el dolor ajeno.

Kutschman mejoró y pasó la noche custodiado por mis residentes menores y la policía y yo me sentí tranquilo con el “deber ser”.

Al otro día, mi Jefe de Servicio me preguntó si tenía objeción de atenderlo y me pareció que quien lo tuviera a cargo, tendría las mismas contradicciones éticas.

Finalmente, fue dado de alta luego de una relación muy fría, pero dentro de un marco de respeto.

Murió al año siguiente con diagnóstico de infarto. Luego de esa experiencia, me tocó atender secuestradores y presos no tan comunes. Nunca se me ocurrió pensar en algo distinto que en atenderlos como pacientes.

Siempre recordaba aquella noche del ingreso de Pedro Olmo, para que el “deber ser” del médico esté por encima de mis posiciones personales, políticas  o sociales.

Estaba guardado en mi memoria.

Cuando ingresan a mi sala personajes rechazados por la sociedad, prefiero recordar a Churchill “No hay nada más costoso y estéril que la venganza”

 

Una respuesta a “Todo está guardado en la memoria

  1. Excelente Doc, y recuerde que la mejor venganza es no vengarse….

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