Publicaciones destacadas desde la perspectiva del cardiólogo

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Por Dr. Jorge Thierer

El duelo por la enfermedad y muerte de la pareja se asocia con menor cuidado de la propia salud cardiovascular

Shah SM, Carey IM, Harris T, Dewilde S, Victor CR, Cook DG. Impact of partner bereavement on quality of cardiovascular disease management.

Circulation 2013;128:2745-53. http://doi.org/qqr

Es sabido que el período que rodea a la muerte del cónyuge se asocia con mayor riesgo de infarto agudo de miocardio y mortalidad cardiovascular. Se han mencionado diferentes causas, desde la depresión a los cambios en el estilo de vida y respuestas fisiológicas (activación neurohormonal, inflamación). El estudio observacional que presentamos viene a señalar otras razones probables.
De una base de datos de atención primaria del Reino Unido fueron seleccionadas inicialmente 171.720 parejas constituidas por dos personas de distinto sexo en las que uno de los componentes tuviera ≥ 60 años y el otro ≥ 50 años, con ≤ 10 años entre ellos, y que hubieran sido ingresadas a la base entre 2005 y 2008. Con seguimiento hasta septiembre de 2011, se seleccionó como casos a aquellos que hubieran enviudado dentro de ese
período, tuvieran al menos 1 año de seguimiento luego del hecho y el antecedente de hipertensión, diabetes, accidente cerebrovascular o coronariopatía, diagnosticados por lo menos 1 año antes del fallecimiento de la pareja. Como controles fueron elegidas, para cada caso, entre 1 y 3 personas, emparejadas por edad (± 5 años), sexo, antecedentes y médico tratante, y tomando como período de comparación desde 1 año antes hasta 1 año después de la fecha en que se hubiera producido la muerte de la pareja del caso. Quedaron definidos 12.722 casos y 33.911 controles (63% mujeres). Se definieron como expresión de cuidado durante el año previo y
posterior la toma de la presión arterial, la medición del colesterol y HbA1c, dosaje de electrolitos y vacunación antiinfluenza; y como expresión de tratamiento adecuado de sus patologías, la cobertura (estimada en
base a la prescripción) con estatinas, antiplaquetarios y antagonistas del sistema renina-angiotensina.
Entre los casos fue significativamente mayor la proporción sin control de la tensión arterial y el colesterol en el año previo a la pérdida en comparación con el año posterior (5,9% y 6,5% vs. 4,4% y 4,5%, respectivamente).
Entre los controles no se vieron esas diferencias temporales.
Además, en el año previo al evento índice y ajustando por edad, deprivación, tabaquismo y comorbilidades, los casos adoptaron menos frecuentemente las conductas de cuidado citado que los controles, con OR para la toma de tensión arterial de 0,75, para el control de colesterol
de 0,76 y para el dosaje de HbA1c de 0,77, en todos los casos con p < 0,05. En el año posterior, los casos mejoraron su autocuidado, de manera que desaparecieron las diferencias con los controles. Respecto del consumo de medicación, se verificó en los casos una disminución que comenzó en el mes previo a la pérdida de su pareja, alcanzó el pico en la semana posterior a la muerte y tendió a normalizarse entre 3 y 4 meses después.

Este estudio observacional es revelador del comportamiento de personas añosas con patología cardiovascular o cerebrovascular previa, y de qué manera influyen en su cuidado la enfermedad y muerte de sus cónyuges. Si bien tiene alguna debilidad en las conclusiones (asume que la variación temporal de la adherencia se puede derivar de la variación temporal de la prescripción, cuando en realidad ambas pueden no coincidir en el tiempo), probablemente el punto más discutible es haber definido como casos a aquellos que sobrevivieron al menos 1 año a haber enviudado, con lo que el punto de interés, la asociación del abandono de medidas de cuidado o tratamiento con la peor evolución, no queda demostrado cabalmente. Los participantes de este registro son sobrevivientes a su comportamiento abandónico, al menos hasta el año; en este sentido, esta publicación busca señalar algunas de las causas probables de la mala evolución de los que pasan por un trance semejante, evidenciada en otras comunicaciones.

Como corolario podría señalarse no descuidar a los enfermos que cuidan o acompañan a otros enfermos.

Una respuesta a “Publicaciones destacadas desde la perspectiva del cardiólogo

  1. Interesante trabajo y observación. Vemos repetidas veces el fenómeno en la práctica cotidiana. Y en ocasiones quien “desaparece” de la visita usual es “quien cuida”, justamente porque al cuidar (al otro/a) sin cuidarse “se descuida” a sí mismo. Coincidimos con la posición de recordar a nuestros pacientes que la atención no debe quedar exclusivamente en el otro. Pero entendemos que no es fácil el abordaje cuando uno de los miembros de la familia requiere cuidados intensivos y en especial en el hogar (nos “toca a todos alguna vez”; aunque acá estamos “del otro lado”). Tal vez ya es momento de incluir -desde las recomendaciones de los médicos/salud pública/asistencia social/psicología/enfermería- algunos puntos sobre hábitos y educación en salud que digan claramente que “los cuidados de un enfermo no deben excluir a otra persona también enferma -cónyuge en este caso- en especial si ambos son de edad avanzada”. Para comenzar.

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