Publicaciones destacadas desde la perspectiva del cardiólogo

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Por Dr. Jorge Thierer

Frecuencia cardíaca elevada: un factor de riesgo
para el desarrollo de insuficiencia cardíaca

Opdahl A, Ambale Venkatesh B, Fernandes VR, Wu CO, Nasir K, Choi EY, et al. Resting heart rate as predictor for left ventricular dysfunction and heart failure: MESA (Multi-Ethnic Study of Atherosclerosis). J Am Coll Cardiol 2014;63:1182-9. http://doi.org/f2q426

La frecuencia cardíaca en reposo (FCR) elevada se vincula con la incidencia de eventos cardiovasculares y mortalidad cardíaca y no cardíaca. Desde el punto de vista fisiopatológico, la FCR es relacionada con la prevalencia de hipertensión arterial, diabetes y aterosclerosis.
Nueva evidencia demuestra ahora su asociación con la incidencia de insuficiencia cardíaca (IC).
El estudio observacional MESA incorporó, entre los años 2000 y 2002, a 6.814 personas de 45 a 84 años, de diferentes etnias, libres de enfermedad cardiovascular al momento de la inclusión, de seis comunidades de los
Estados Unidos. Se realizó en ellos una resonancia magnética cardíaca (RMC), que se repitió en un subgrupo a los 5 años. El estudio estuvo dirigido a explorar la asociación de variables basales clínicas y paraclínicas
con el desarrollo de enfermedad aterosclerótica y eventos de distinta índole.
Este subestudio hace hincapié en la FCR basal y su relación con la incidencia de IC clínica y la aparición de disfunción ventricular. Consideró 5.000 personas con RMC técnicamente evaluable. Fueron divididas en
cuartiles según la FCR: 36-56, 57-62, 63-69 y 70-130 latidos/minuto. Se definió la incidencia en el seguimiento de IC clínica. En 942 participantes con RMC repetida a los 5 años se evaluó el cambio en la FEVI y en el strain circunferencial, como expresión de variación en la contractilidad.
Comparados con los individuos del cuartil más bajo (FC media de 52 ± 4 latidos/minuto), los del cuartil mayor (FC media de 76 ± 6 latidos/minuto) fueron más frecuentemente mujeres y diabéticos, con cifras mayores de índice de masa corporal y tensión arterial diastólica, y FEVI y strain circunferencial ligeramente inferiores. En seguimiento mediano de 7 años, el 2,2% desarrolló IC. Ajustando por covariables demográficas, factores de riesgo coronario, tratamiento y variables ecocardiográficas, la FCR fue un predictor independiente de la incidencia de IC. Cada incremento de 1 latido/minuto significó un aumento de riesgo del 4% (IC 95%2%-6%); considerados los cuartiles de FCR como categorías, y respecto del cuartil más bajo, el HR ajustado fue para el cuartil 2 de 2,62 (IC 95% 1,41-4,87), para el cuartil 3 de 2,57 (IC 95% 1,36-4,89) y para el cuartil más alto de 3,76 (IC 95% 2-7,07). La FCR fue predictor de IC independientemente de la incidencia de enfermedad coronaria o enfermedad pulmonar  obstructiva, y se vinculó linealmente con la caída de la FEVI y el estrés circunferencial.

Ya es conocido el cuadro de taquicardiomiopatía, en el que la FC persistentemente elevada, en general en el contexto de arritmia supraventricular, puede generar deterioro de la función ventricular. El trabajo que presentamos va un paso más allá: demuestra que en personas libres de IC, una FCR “normal” (recordemos que la media de FC en el cuartil más alto fue de 76 ± 6 latidos/minuto) incrementa su incidencia. La FC creciente se asocia con mayor activación neurohormonal e inflamatoria; y patologías como anemia, hipertiroidismo, enfermedad respiratoria y disfunción renal, que predisponen a la IC. Pero, además, la FC elevada genera por sí efectos perjudiciales: incremento de la carga hemodinámica, alteración de la geometría arterial, aumento del estrés de fricción, y del consumo miocárdico de O2 (con mayor riesgo de nfermedad aterosclerótica e isquemia); y por otra parte, disrupción de la matriz extracelular, pérdida de miocitos, depleción de fosfatos de alta energía y desmanejo del calcio.
Seguramente varios mecanismos coexistentes explican los hallazgos del estudio. El análisis multivariado parece querer establecer una relación causal, pero no es posible afirmarlo con certeza. Y un interrogante queda
flotando: ¿la FCR debería ser un objetivo terapéutico en prevención primaria, como lo son otros factores de riesgo?

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