Publicaciones destacadas desde la perspectiva del cardiólogo

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Por el Dr. Jorge Thierer

Consumo de cereales integrales y pronóstico

Aune D, Keum N, Giovannucci E, Fadnes LT, Boffetta P, Greenwood DC, et al. Whole grain consumption and risk of cardiovascular disease, cancer, and all cause and cause specific mortality: systematic review and doseresponse meta-analysis of prospective studies. BMJ 2016;353:i2716. http://doi.org/bm3n

El consumo de cereales integrales se ha vinculado en diferentes estudios de cohorte con mejor pronóstico alejado y menor riesgo de eventos cardiovasculares y cerebrovasculares. Entre las razones aducidas figuran un mejor control glucémico, reducción de los niveles de colesterol, menor aumento de peso, reducción de fenómenos inflamatorios. Sabemos que los cereales integrales son la fuente más importante de fibra, que el endosperma y el germen (eliminados durante el proceso de refinamiento) aportan hidratos de carbono, proteínas, energía, vitaminas y micronutrientes. Las fuentes predominantes de granos integrales varían según la región: pan en Escandinavia, pan y cereales para el desayuno en Norteamérica, maíz, sorgo y arroz en África, arroz en Asia. Las diferentes guías de práctica clínica recomiendan su consumo, pero no hay en muchos casos precisiones sobre la cantidad que se debería ingerir o si existe una relación dosis-respuesta. Tampoco es definitiva la información sobre otras causas de muerte más allá de la enfermedad vascular. Presentamos una revisión sistemática y metaanálisis que aporta información relevante sobre estos temas.

Se incluyeron en total 45 estudios de cohorte (20 de Europa, 16 de Estados Unidos, 9 de Asia) que reportaron la asociación del consumo de cereales con el pronóstico, con poblaciones que variaron entre 245.012 y 705.253 personas. Se consideró porción de cereales integrales a una medida de 30 gramos, porción de pastas a una medida de 150 gramos, de arroz a una medida de 167 gramos en base a la proporción de cada tipo de arroz (blanco o integral) en los estudios y lo que pesan cocidos. Se exploró la asociación considerando al menos tres categorías de consumo (bajo, medio y alto) o el consumo como variable continua.

En siete estudios de cohorte (n = 316.491) se reportó la asociación de consumo de cereales integrales con incidencia de enfermedad coronaria. El RR para alto versus bajo consumo fue de 0,79 (IC 95% 0,73-0,86) y por cada incremento de 90 gramos diarios fue de 0,81 (IC 95% 0,75-0,87). Si bien la reducción fue mayor para los primeros 90 gramos, hubo relación dosis-respuesta hasta los 210 gramos diarios. La mejora en el pronóstico se verificó para el pan integral, cereales integrales y el salvado, y no para el pan blanco o los cereales refinados. En seis estudios (n = 245.012) se reportó la asociación de consumo de cereales integrales con incidencia de accidente cerebrovascular, con tendencia a reducción de eventos: el RR para alto versus bajo consumo fue de 0,87 (IC 95% 0,72-1,05) y por cada incremento de 90 gramos diarios fue de 0,88 (IC 95% 0,75-1,03). No hubo relación dosis-respuesta más allá de los 120-150 gramos diarios. No se pudo verificar una asociación clara con un tipo de cereal y la mejora en el pronóstico. En 10 estudios (n = 704.317) se reportó la asociación de consumo de cereales integrales con incidencia de enfermedad cardiovascular. El RR para alto versus bajo consumo fue de 0,84 (IC 95% 0,80-0,87) y por cada incremento de 90 gramos diarios fue de 0,78 (IC 95% 0,73-0,85). Si bien la reducción fue mayor para los primeros 50 gramos, hubo relación dosis-respuesta hasta los 200 gramos diarios. Nuevamente, fueron los cereales integrales los relacionados con mejor pronóstico.

Respecto de la mortalidad de todas las causas, en 10 estudios (n = 705.253) el RR para alto versus bajo consumo fue de 0,82 (IC 95% 0,77-0,88) y por cada incremento de 90 gramos diarios fue de 0,83 (IC 95% 0,77-0,90), y si bien la reducción fue mayor con las dosis iniciales, hubo relación dosis-respuesta hasta los 225 gramos diarios. La mejora en el pronóstico se verificó para los cereales integrales, pero el consumo total de cereales (alto vs. bajo) también mostró relación con el descenso de mortalidad, así como el consumo de cereales refinados (aunque una relación débil). El consumo de cereales integrales se asoció también con una incidencia menor de muerte por cáncer (reducción del riesgo de entre 11% y 15%), diabetes, enfermedades respiratorias e infecciosas.

Este metaanálisis tiene el mérito de poner números definitivos al beneficio que puede esperarse de consumir cereales integrales. Demuestra que ya se logra beneficio con ingestas bajas, pero al mismo tiempo evidencia que puede lograrse mucho más con un consumo mayor. Sugiere que el reemplazo de la cantidad que ya se ingiere de cereales refinados por cereales integrales generaría un efecto positivo. Como limitación debe citarse que en algunas de las asociaciones (sobre todo con mortalidad) hubo heterogeneidad entre los estudios. Tal vez la forma de determinar la cantidad diaria de cereal consumido y los diferentes tipos y formas de presentación pueden haber influido en dicha heterogeneidad. Es posible también que el consumo de cereales integrales señale a una población más preocupada por su estado de salud, con mayor autocuidado, más actividad física y mejor nivel socioeconómico. Muchos de los estudios considerados ajustaron por estas variables y la asociación con mejor pronóstico persistió. Incrementar la presencia de cereales integrales en la alimentación diaria aparece como una necesidad de la salud pública.

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